jueves, 10 de noviembre de 2011

ATADO A UN SUCIO RECUERDO...


...la noche continuaba en mi corazón y en realidad poco importaba en esta sucia taberna en donde hasta las alimañas sentían la presión social y el escrutinio de sus pares.

El lugar estaba repleto, pero dada la soledad y el número de fracasos consecutivos que me llevaron a imponer un nuevo régimen podía notar con claridad los espacios entre las parejas que se paseaban por el lugar como si este se encontrara más vacío.

En otras circunstancias el calor y la densidad de los cuerpos sudorosos me asquearía y me obligaría a abandonar este maldito lugar. Pensaría en lo desesperante que era ver todos esos gordos adinerados, rodeados por esas sanguijuelas maquilladas que se contonean alimentando sus egos artificiales, incitando a los  animales de esta porqueriza a gritar con más ahínco, y perturbar mi frágil paciencia.

La repugnante combinación de olor a colonia barata y orines que llegaba hasta mi mesa revolvía mi el estómago y arruinaba mi cada vez escasa botella. Lo único que al menos amortiguaba un poco este martirizante cuadro, era la espesa niebla de humo de cigarrillo, la cual, al menos me impedía apreciar la estupidez en los rostros de los que me rodeaban.

Si, normalmente mandaría todo a la mierda, pero debo resistir un poco más, sin prisas, -serénate- me decía, todo terminará pronto. 

Me calme un poco hasta que me distrajo un anciano con la mirada tan vacía como su dentadura, que balbuceando un ininteligible remedo de palabras se desplomó a mis pies. Me incline para ayudarlo a reincorporarse, pero su casi palpable olor me detuvo en seco.

Trate de hacerle señas al cantinero para que se encargara de este despojo humano que ni lástima inspiraba, pero al no recibir ningún tipo de atención desistí y solo me concentre en lograr mi objetivo, solo en esperar un poco más, - funcionara - me susurraba pausadamente - lo sé - me respondía- solo un poco más.

Fue entonces cuando note tu presencia e intente no observarte directamente, pensé que con solo mirarte de reojo sería suficiente, y lo fue, al menos hasta que te acercaste y pronunciaste las primeras palabras para saludarme, momento durante el cual sentí como la ira efervescente desaparecía de mi interior. Le pedí dos cervezas al cantinero, quien parecía seguir ignorándome, mientras, te facilite un asiento pero me dijiste que no podías quedarte y empezaste a darme explicaciones, pero yo deje de escucharte desde el instante que empezó tu negativa. Sentí que me dividí, te miraba sombrío y petrificado, ajeno al caos que me rodeaba. Pero en el exterior tu solo observabas mi sonrisa condescendiente. Te despediste muy afanada y te marchaste sin mirar atrás. 

Me senté amargado a terminar mi botella, en el preciso momento en el que el mesero traía las dos cervezas que había pedido para ti y para mí. Le mire con desprecio en un intento de desahogar la frustración y la rabia que como un frio cortante ascendía desde mis pies hasta mi rostro, endureciéndolo aún más y haciendo temblar mis manos, cosa que note al entregarle el dinero al gusano sudoroso que se hacía llamar mesero, el cual sin embargo solo me observo intrigado, como preguntándose, ¿porque este pequeño hombre tan bien vestido se encontraba en esta cloaca de negocio? ¿y qué hacía además pidiendo dos cervezas si se encontraba solo?. No lo sabía con certeza, pero me pregunte lo mismo mientras bebía las cervezas aún frías. Después, encendí un cigarrillo y me dispuse a terminar mi testaruda botella que aún se negaba a morir. 

Luego, me quede a la espera de que esa oscuridad no solo cubriera mi corazón sino que además, me consumiera por completo para poder deshacerme de todo este lastre canceroso, y tratar por fin, disfrutar de la luna llena aunque sea solo por esta última noche, antes de volver a esa brillante e insípida realidad.

Malpefre