Te veo, como ninfa
misteriosa deslizando tu espíritu a través de la división vítrea que debo
violar, con tal de conseguir tu precisado y anestésico néctar.
Inadvertidamente,
rodeo tu cuerpo con mis dedos para alcanzarte, fría al tacto, me apresuro a
probar tu húmeda boca en busca de ese calor estimulante, y con mi temblorosa
lengua acaricio tus duros y redondeados labios, mientras, extraigo tus amargos
jugos, que con un efecto narcótico me hacen sonreír y olvidar mis penas,
sumergiéndome en un letargo mental y obligándome a aferrarme a ti con fuerza y
desesperación, como si fueras esa pequeña rama que sobresale del precipicio, y
de la cual debo sostenerme para no caer al vacío de la soledad, sin percatarme
que en realidad eres tú la que me está consumiendo y alejándome de todos.
Sucumbes
rápidamente debido a mi impaciencia, haciendo que tu paso por mis fauces sea
fugaz, dejándome ansioso y afligido, como un infante despegado de la teta que
aún no termina de mamar.
Así, agonizante
pero lúcido te busco y observo confundido como a pesar de tu pérdida y
desaparición es tan fácil persistir sin ti, porque una vez la necesidad urge, ni siquiera importa buscar una como tú,
tan solo una que me de lo que tú tienes, que me ofrezca el mismo sentir y me
deje el mismo desasosiego; tan promiscuo, tan centrado en mis propios demonios,
te exijo a gritos alarmando a todos a mí alrededor.
Y mientras espero tu regreso, veo la
pena y la preocupación en los rostros de los presentes, que aunque no me
acompañan se que sienten la misma
angustia y la misma intranquilidad que yo por tu ausencia. Una vez que regresas
a mis manos, acaricio de nuevo tus labios con desinterés e indiferencia, y
dreno un poco de tu ser casi inconscientemente; no estoy feliz, pero si
tranquilo, y con paso sosegado me dirijo hacia la puerta del bar, satisfecho
por el hecho de tenerte, así sea de manera efímera, y por saber que sin
importar nada, compartirás todas la horas necesarias en mi cruzada... en
búsqueda del olvido.
Malpefre
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