sábado, 14 de enero de 2012

HÚMEDA REVELACIÓN


Ves el cielo llorar a tus pies desde tu refugio sin siquiera inmutarte, saboreando amargamente tu sobriedad y a dos pasos de la penumbra. Con dedos temblorosos por el frío de la lluviosa noche enciendes un cigarrillo, observando impasible como esas gotas celestiales se abalanzan suicidas contra el indiferente asfalto, salpicando las puntas de tus desgastados zapatos.

Con un suspiro exhalas el humo de tu cigarrillo que luce exageradamente blanco y denso, quizá por la humedad del aire o quizá porque parece llevarse una parte de tu alma. En ese momento notas que te lagrimean un poco los ojos, y arrastrando con esfuerzo una débil sonrisa, piensas que después de todo, solo necesitas un poco de humo para que, por vez primera, puedas asomar una tímida lágrima.
De repente, en tu mente se manifiestan todas las mentiras y todas las traiciones que, como una cortina de humo, nublaron tu visión y tu juicio, pero que nunca te hicieron llorar, y las contemplas detenidamente mientras observas con detalle cómo se consume el cigarrillo en tus dedos, como tratando  de comprender que ha cambiado, qué es diferente ahora, te preguntas si acaso duele más o si acaso ya eres feliz, ante lo cual te respondes sonriendo con una tranquilizadora negativa.
Te zambulles entre pensamientos, tratando de hurgar el plano de tu mente para encontrar ese preciado bien que supuestamente cada quien lleva impuesto en su interior, y cuando por fin encuentras algo, el sorpresivo y estridente maullido de un gato quien te mira con ojos furiosos y encendidos de fuego esmeralda te distrae haciéndote regresar e interrumpiendo tus pensamientos, aliviando un poco el dolor y permitiéndote salir a la superficie para recobrar el aliento.
A partir de ese momento dejas de pensar, y como una pequeña hoja que se sumerge sumisa en las apacibles aguas de un cristalino y virgen manantial, te dejas llevar acabando tus preocupaciones y permitiéndote distraerte con cosas menos importantes que ser feliz; y sonríes ante esa posibilidad, pero es una sonrisa nerviosa, desconfiada, como si en vez de ansiar y buscar la felicidad le temieras y la esquivaras al menor indicio de cercanía con ella.

Y es la lluvia, quien al notar tu vacilación, incrementa su andanada contra el frío y resquebrajado pavimento, filtrándose entre grietas, reptando en forma de arroyuelos, arrastrando la porquería de las calles, como tratando de purgar la ciudad, como tratando de mostrarte algo e intentando bautizarte, aún en contra de tu voluntad, incitándote a odiar esta selva artificial, llena de polvo y habitada de desolación, -como un enorme desierto lleno de gente-piensas sonriente, mientras, das un paso definitivo fuera de tu escondite, lavándote y entregándote al húmedo abrazo de la noche escoltado solo por la luna expectante, en un intento por dejar encerrados tus miedos y dudas en aquel oscuro escondrijo en tu cabeza, y por fin descubrir tu verdadero ser. 

Malpefre

No hay comentarios:

Publicar un comentario