sábado, 21 de enero de 2012

CAÍDA


Aún cuando vivo en la inmundicia, siempre hay un momento para disfrutar un paseo por el jardín de la gracia del amor.

Porque nadie esta blindado de las impertinencias del corazón en la razón y de la estupidez del mismo en el enamoramiento.

Sé que no te olvidare, pero al menos puedo engañarme con el tentador zumo abisal que brota de esta botella y embota mis sentidos.

Qué lindo siento, y que lindo sufro, y que lindo bebo; sordo ante lo banal de tus advertencias y torpe al responder las ultrajantes llamadas del destino

Sigo perdido e inspirado mi caminata febril, porque hasta para beber hay que ser poeta, y desde la roña que me consume hasta la fiebre infernal que crucifica mi herido corazón, sonrío y acaricio tu intangible imagen en un afán por conservar una pizca de tu recuerdo.

Malpefre

FRIA Y DESNUDA



Te veo, como ninfa misteriosa deslizando tu espíritu a través de la división vítrea que debo violar, con tal de conseguir tu precisado y anestésico néctar.

Inadvertidamente, rodeo tu cuerpo con mis dedos para alcanzarte, fría al tacto, me apresuro a probar tu húmeda boca en busca de ese calor estimulante, y con mi temblorosa lengua acaricio tus duros y redondeados labios, mientras, extraigo tus amargos jugos, que con un efecto narcótico me hacen sonreír y olvidar mis penas, sumergiéndome en un letargo mental y obligándome a aferrarme a ti con fuerza y desesperación, como si fueras esa pequeña rama que sobresale del precipicio, y de la cual debo sostenerme para no caer al vacío de la soledad, sin percatarme que en realidad eres tú la que me está consumiendo y alejándome de todos.

Sucumbes rápidamente debido a mi impaciencia, haciendo que tu paso por mis fauces sea fugaz, dejándome ansioso y afligido, como un infante despegado de la teta que aún no termina de mamar.

Así, agonizante pero lúcido te busco y observo confundido como a pesar de tu pérdida y desaparición es tan fácil persistir sin ti, porque una vez la necesidad  urge, ni siquiera importa buscar una como tú, tan solo una que me de lo que tú tienes, que me ofrezca el mismo sentir y me deje el mismo desasosiego; tan promiscuo, tan centrado en mis propios demonios, te exijo a gritos alarmando a todos a mí alrededor.

Y mientras espero tu regreso, veo la pena y la preocupación en los rostros de los presentes, que aunque no me acompañan  se que sienten la misma angustia y la misma intranquilidad que yo por tu ausencia. Una vez que regresas a mis manos, acaricio de nuevo tus labios con desinterés e indiferencia, y dreno un poco de tu ser casi inconscientemente; no estoy feliz, pero si tranquilo, y con paso sosegado me dirijo hacia la puerta del bar, satisfecho por el hecho de tenerte, así sea de manera efímera, y por saber que sin importar nada, compartirás todas la horas necesarias en mi cruzada... en búsqueda del olvido.

Malpefre

sábado, 14 de enero de 2012

HÚMEDA REVELACIÓN


Ves el cielo llorar a tus pies desde tu refugio sin siquiera inmutarte, saboreando amargamente tu sobriedad y a dos pasos de la penumbra. Con dedos temblorosos por el frío de la lluviosa noche enciendes un cigarrillo, observando impasible como esas gotas celestiales se abalanzan suicidas contra el indiferente asfalto, salpicando las puntas de tus desgastados zapatos.

Con un suspiro exhalas el humo de tu cigarrillo que luce exageradamente blanco y denso, quizá por la humedad del aire o quizá porque parece llevarse una parte de tu alma. En ese momento notas que te lagrimean un poco los ojos, y arrastrando con esfuerzo una débil sonrisa, piensas que después de todo, solo necesitas un poco de humo para que, por vez primera, puedas asomar una tímida lágrima.
De repente, en tu mente se manifiestan todas las mentiras y todas las traiciones que, como una cortina de humo, nublaron tu visión y tu juicio, pero que nunca te hicieron llorar, y las contemplas detenidamente mientras observas con detalle cómo se consume el cigarrillo en tus dedos, como tratando  de comprender que ha cambiado, qué es diferente ahora, te preguntas si acaso duele más o si acaso ya eres feliz, ante lo cual te respondes sonriendo con una tranquilizadora negativa.
Te zambulles entre pensamientos, tratando de hurgar el plano de tu mente para encontrar ese preciado bien que supuestamente cada quien lleva impuesto en su interior, y cuando por fin encuentras algo, el sorpresivo y estridente maullido de un gato quien te mira con ojos furiosos y encendidos de fuego esmeralda te distrae haciéndote regresar e interrumpiendo tus pensamientos, aliviando un poco el dolor y permitiéndote salir a la superficie para recobrar el aliento.
A partir de ese momento dejas de pensar, y como una pequeña hoja que se sumerge sumisa en las apacibles aguas de un cristalino y virgen manantial, te dejas llevar acabando tus preocupaciones y permitiéndote distraerte con cosas menos importantes que ser feliz; y sonríes ante esa posibilidad, pero es una sonrisa nerviosa, desconfiada, como si en vez de ansiar y buscar la felicidad le temieras y la esquivaras al menor indicio de cercanía con ella.

Y es la lluvia, quien al notar tu vacilación, incrementa su andanada contra el frío y resquebrajado pavimento, filtrándose entre grietas, reptando en forma de arroyuelos, arrastrando la porquería de las calles, como tratando de purgar la ciudad, como tratando de mostrarte algo e intentando bautizarte, aún en contra de tu voluntad, incitándote a odiar esta selva artificial, llena de polvo y habitada de desolación, -como un enorme desierto lleno de gente-piensas sonriente, mientras, das un paso definitivo fuera de tu escondite, lavándote y entregándote al húmedo abrazo de la noche escoltado solo por la luna expectante, en un intento por dejar encerrados tus miedos y dudas en aquel oscuro escondrijo en tu cabeza, y por fin descubrir tu verdadero ser. 

Malpefre