Aún cuando vivo en la inmundicia, siempre hay un
momento para disfrutar un paseo por el jardín de la gracia del amor.
Porque nadie esta blindado de las impertinencias del corazón
en la razón y de la estupidez del mismo en el enamoramiento.
Sé que no te olvidare, pero al menos puedo engañarme
con el tentador zumo abisal que brota de esta botella y embota mis sentidos.
Qué lindo siento, y que lindo sufro, y que lindo
bebo; sordo ante lo banal de tus advertencias y torpe al responder las ultrajantes
llamadas del destino
Sigo perdido e inspirado mi caminata febril, porque hasta para beber hay
que ser poeta, y desde
la roña que me consume hasta la fiebre infernal que crucifica mi herido corazón, sonrío
y acaricio tu intangible imagen en un afán por conservar una pizca de tu recuerdo.
Malpefre
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