viernes, 7 de octubre de 2011

CLAUSURA


Te sientes arrancado de tu manada, exiliado te ahogas y pataleas arañando las paredes de ese pozo hediondo y oscuro como tu corazón.


Atrapado, acorralado, presa del pánico y la desesperación intentas escalar por las paredes del pozo, hundiendo tus uñas en la inmundicia, fundiéndote con ella, sintiéndote extrañamente tibio e identificado con esa capa espesa y viscosa que cubre tu conciencia, pero es en ese momento que lo arruinas una vez más y siendo prisionero de tus propias palabras, que como insensibles traidores revelan tus verdaderas intenciones, ahuyentas a tus semejantes, cayendo una vez más al fondo del pozo, salpicándote y salpicando a los demás con tus afables y bien intencionadas mentiras.


Lo más absurdo de todo es que aún te sientes víctima y desmoronándote, emites un quejido sepulcral digno recordatorio de la desolación que ensombrece tu alma, la cual, ni se percata del daño y la destrucción que padece por su egoísmo.


Porque esconder tu dolor es tan natural para ti, que ya has aprendido a ocultar a su vez, y sin intención, todo el amor y toda esa belleza que en algún momento llegaste a sentir. Reduciendo tu existencia a no más que fragmentos de espejismos y sueños rotos los cuales ya nos hemos acostumbrado a interpretar. Porque más que un ser humano eres un acertijo que ni siquiera vale la pena descifrar ya que nada valioso guardas en tu interior.

Así que, despierta y repta como puedas para salir de tu enclaustramiento, escapa del pozo y permite, aunque sea por un último momento, que la luz entre por tus lánguidas pupilas antes de caer en las sombras, y así regodearte placenteramente en tu miseria una vez más.

Malpefre

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