Te sientes arrancado de tu manada,
exiliado te ahogas y pataleas arañando las paredes de ese pozo hediondo y
oscuro como tu corazón.
Atrapado, acorralado, presa del pánico y la desesperación intentas escalar por las paredes del pozo, hundiendo
tus uñas en la inmundicia, fundiéndote con ella, sintiéndote extrañamente tibio
e identificado con esa capa espesa y viscosa que cubre tu conciencia, pero es
en ese momento que lo arruinas una vez más y siendo prisionero de tus propias
palabras, que como insensibles traidores revelan tus verdaderas intenciones,
ahuyentas a tus semejantes, cayendo una vez más al fondo del pozo, salpicándote
y salpicando a los demás con tus afables y bien intencionadas mentiras.
Lo más absurdo de todo es que aún te
sientes víctima y desmoronándote, emites un quejido sepulcral digno
recordatorio de la desolación que ensombrece tu alma, la cual, ni se percata
del daño y la destrucción que padece por su egoísmo.
Porque esconder tu dolor es tan natural
para ti, que ya has aprendido a ocultar a su vez, y sin intención, todo el amor
y toda esa belleza que en algún momento llegaste a sentir. Reduciendo tu
existencia a no más que fragmentos de espejismos y sueños rotos los cuales ya
nos hemos acostumbrado a interpretar. Porque más que un ser humano eres un
acertijo que ni siquiera vale la pena descifrar ya que nada valioso guardas en
tu interior.
Así
que, despierta y repta como puedas para salir de tu enclaustramiento, escapa
del pozo y permite, aunque sea por un último momento, que la luz entre por tus lánguidas
pupilas antes de caer en las sombras, y así regodearte placenteramente en tu
miseria una vez más.
Si para esconder algo que esta aflorando siempre en tu existencia!
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