martes, 17 de julio de 2012

ENAJENACIÓN

No puedo levantarme, no quiero levantarme. Sólo quiero sumergirme en el océano de tu cabellera, quiero sortear el cielo interminable de tus ojos y aterrizar suavemente en tu piel. 

Quiero ahogarme en tus labios, quiero escalar por tu espalda y deslizarme entre tus pechos. No quiero recordar nada, no puedo olvidar nada, no quiero mirar atrás, no quiero que estés allí, lejos de mí.

Amor utópico y lejano, línea en el horizonte, que a cada paso que doy se proyecta alejándose de mí sin inmutarse; fantasía inalcanzable, romántica destrucción del escenario cósmico renacido desde el interior de mi alma y parido por mis poros sobre tu cuerpo.
Así te describe mi subconsciente, así te ve mi alma. Aún no sé quién eres, pero mientras lo descubro no quiero dejar de abalanzarme sobre ti. Así como lo hace el mar sobre la arena de la playa, de esa manera, y a la luz de una inmensa luna llena quiero fundirme con tu ser hasta encontrar una respuesta definitiva: ese auténtico sentimiento, si es que aún existe en mi interior, y bajo el cual quiero encontrar esa única verdad que alivie mis pesares y traiga, por fin, esa estúpida felicidad que enmascara mis cicatrices y adormece mi corazón.



Malpefre

jueves, 1 de marzo de 2012

VENUS


Te veo y temerosamente me acerco, y a medida que nuestra distancia se empequeñece siento como se va reduciendo el control de la razón con cada latido de nuestros corazones.

Me lanzo, solo para quedar deliciosamente enredado entre tus poderosos y sensuales labios, con los cuales me apresas, me sometes y me consumes. No soy más que una mosca envalentonada por el alcohol y la determinación de salir de esta incertidumbre y apresurarme a caer voluntariamente en tu trampa mortal.

Tus ojos gitanos me invitan y reducen mi voluntad, haciéndome olvidar donde estoy y silenciando todo a mi alrededor. Enzarzados en un desatado beso, reprimo un gemido cuando siento tu mano ascender por mi pecho haciéndome explotar en un éxtasis sensorial que se extiende por mi cuerpo, como un incendio en un bosque que ha sido olvidado por el reconfortante y delicado toque de la lluvia. 

Sometido en una silenciosa oración, mi espíritu se transmuta, digerido por los jugos de tu pasión, y se convierte en una parte de ti que crece y se aferra desesperadamente, aún cuando sabe que pronto será desterrado.

Logro liberarme, no sin antes dejar una parte de mí estampando una húmeda huella en tu memoria. De igual manera yo porto mi propio estigma, delicioso recuerdo que me acompañara en mis noches de inconclusa felicidad y soberana tristeza.

Y sonriendo, y suspirando, reviviré en las perennes noches que me aguardan, esa turbulenta velada en la que casi entrego mi existencia al impetuoso y desconocido calor de tu amor imposible.



Malpefre

sábado, 21 de enero de 2012

CAÍDA


Aún cuando vivo en la inmundicia, siempre hay un momento para disfrutar un paseo por el jardín de la gracia del amor.

Porque nadie esta blindado de las impertinencias del corazón en la razón y de la estupidez del mismo en el enamoramiento.

Sé que no te olvidare, pero al menos puedo engañarme con el tentador zumo abisal que brota de esta botella y embota mis sentidos.

Qué lindo siento, y que lindo sufro, y que lindo bebo; sordo ante lo banal de tus advertencias y torpe al responder las ultrajantes llamadas del destino

Sigo perdido e inspirado mi caminata febril, porque hasta para beber hay que ser poeta, y desde la roña que me consume hasta la fiebre infernal que crucifica mi herido corazón, sonrío y acaricio tu intangible imagen en un afán por conservar una pizca de tu recuerdo.

Malpefre

FRIA Y DESNUDA



Te veo, como ninfa misteriosa deslizando tu espíritu a través de la división vítrea que debo violar, con tal de conseguir tu precisado y anestésico néctar.

Inadvertidamente, rodeo tu cuerpo con mis dedos para alcanzarte, fría al tacto, me apresuro a probar tu húmeda boca en busca de ese calor estimulante, y con mi temblorosa lengua acaricio tus duros y redondeados labios, mientras, extraigo tus amargos jugos, que con un efecto narcótico me hacen sonreír y olvidar mis penas, sumergiéndome en un letargo mental y obligándome a aferrarme a ti con fuerza y desesperación, como si fueras esa pequeña rama que sobresale del precipicio, y de la cual debo sostenerme para no caer al vacío de la soledad, sin percatarme que en realidad eres tú la que me está consumiendo y alejándome de todos.

Sucumbes rápidamente debido a mi impaciencia, haciendo que tu paso por mis fauces sea fugaz, dejándome ansioso y afligido, como un infante despegado de la teta que aún no termina de mamar.

Así, agonizante pero lúcido te busco y observo confundido como a pesar de tu pérdida y desaparición es tan fácil persistir sin ti, porque una vez la necesidad  urge, ni siquiera importa buscar una como tú, tan solo una que me de lo que tú tienes, que me ofrezca el mismo sentir y me deje el mismo desasosiego; tan promiscuo, tan centrado en mis propios demonios, te exijo a gritos alarmando a todos a mí alrededor.

Y mientras espero tu regreso, veo la pena y la preocupación en los rostros de los presentes, que aunque no me acompañan  se que sienten la misma angustia y la misma intranquilidad que yo por tu ausencia. Una vez que regresas a mis manos, acaricio de nuevo tus labios con desinterés e indiferencia, y dreno un poco de tu ser casi inconscientemente; no estoy feliz, pero si tranquilo, y con paso sosegado me dirijo hacia la puerta del bar, satisfecho por el hecho de tenerte, así sea de manera efímera, y por saber que sin importar nada, compartirás todas la horas necesarias en mi cruzada... en búsqueda del olvido.

Malpefre

sábado, 14 de enero de 2012

HÚMEDA REVELACIÓN


Ves el cielo llorar a tus pies desde tu refugio sin siquiera inmutarte, saboreando amargamente tu sobriedad y a dos pasos de la penumbra. Con dedos temblorosos por el frío de la lluviosa noche enciendes un cigarrillo, observando impasible como esas gotas celestiales se abalanzan suicidas contra el indiferente asfalto, salpicando las puntas de tus desgastados zapatos.

Con un suspiro exhalas el humo de tu cigarrillo que luce exageradamente blanco y denso, quizá por la humedad del aire o quizá porque parece llevarse una parte de tu alma. En ese momento notas que te lagrimean un poco los ojos, y arrastrando con esfuerzo una débil sonrisa, piensas que después de todo, solo necesitas un poco de humo para que, por vez primera, puedas asomar una tímida lágrima.
De repente, en tu mente se manifiestan todas las mentiras y todas las traiciones que, como una cortina de humo, nublaron tu visión y tu juicio, pero que nunca te hicieron llorar, y las contemplas detenidamente mientras observas con detalle cómo se consume el cigarrillo en tus dedos, como tratando  de comprender que ha cambiado, qué es diferente ahora, te preguntas si acaso duele más o si acaso ya eres feliz, ante lo cual te respondes sonriendo con una tranquilizadora negativa.
Te zambulles entre pensamientos, tratando de hurgar el plano de tu mente para encontrar ese preciado bien que supuestamente cada quien lleva impuesto en su interior, y cuando por fin encuentras algo, el sorpresivo y estridente maullido de un gato quien te mira con ojos furiosos y encendidos de fuego esmeralda te distrae haciéndote regresar e interrumpiendo tus pensamientos, aliviando un poco el dolor y permitiéndote salir a la superficie para recobrar el aliento.
A partir de ese momento dejas de pensar, y como una pequeña hoja que se sumerge sumisa en las apacibles aguas de un cristalino y virgen manantial, te dejas llevar acabando tus preocupaciones y permitiéndote distraerte con cosas menos importantes que ser feliz; y sonríes ante esa posibilidad, pero es una sonrisa nerviosa, desconfiada, como si en vez de ansiar y buscar la felicidad le temieras y la esquivaras al menor indicio de cercanía con ella.

Y es la lluvia, quien al notar tu vacilación, incrementa su andanada contra el frío y resquebrajado pavimento, filtrándose entre grietas, reptando en forma de arroyuelos, arrastrando la porquería de las calles, como tratando de purgar la ciudad, como tratando de mostrarte algo e intentando bautizarte, aún en contra de tu voluntad, incitándote a odiar esta selva artificial, llena de polvo y habitada de desolación, -como un enorme desierto lleno de gente-piensas sonriente, mientras, das un paso definitivo fuera de tu escondite, lavándote y entregándote al húmedo abrazo de la noche escoltado solo por la luna expectante, en un intento por dejar encerrados tus miedos y dudas en aquel oscuro escondrijo en tu cabeza, y por fin descubrir tu verdadero ser. 

Malpefre