martes, 27 de septiembre de 2011

EMANCIPACIÓN


Amor, sí, amor, alguien intentó ponerle un nombre hace mucho tiempo, alguien pretendió justificar la locura y el impulso que galopa desatado por mi ser de tan solo pensarte, porque cada vez que escucho tu voz es como sentirte y sé que tocarte sería como la explosión de mil soles en cada célula de mi cuerpo.

Descubrir este amor ha sido como ver la luz de nuevo, redimir mis pecados a través del doloroso placer de tu esencia, deseoso hasta la médula por tu presencia e incapaz de retirarme sin caer sangrante en esta batalla que libra mi corazón para poder combatir tu ausencia, esa terrible y asesina soledad que trata de resquebrajarme. Silenciosa traidora que intenta doblegar mi voluntad.

Lucho solo y desesperado tratando recordar algo que aún no he vivido, intentando revivir algo que aún no ha nacido, pero desde que te conocí mi percepción del universo ha cambiado de manera absurda, hasta el punto de transmutar los minutos a horas durante tu ausencia, y de mutilar sin compasión aquellos segundos que se desvanecen en una clandestina complicidad durante nuestros oníricos encuentros de los que solo la Luna puede dar fe.

Estoy dispuesto a sortear las dificultades y los obstáculos con tal de iluminar tu rostro con esa bella sonrisa, aprisionarte entre mis garras y sumergirte en un océano de paz y euforia hasta hacerte desfallecer exhausta, liberada de esa telaraña sombría que no hace más que anclarte y marchitarte.

Quiero arrancar esa mortaja con mis besos y consumirla e intentar transformarla en un velo sublime que deje ver la hermosa criatura que yace prisionera. Quiero destilar tu dolor con mi alma, que aunque no es perfecta y también tiene sus ataduras, está consciente del sacrificio que debe realizar para neutralizar tus crisis y ocupar el lugar que le corresponde en tu maravilloso corazón.

Malpefre

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