viernes, 2 de septiembre de 2011

AURORA

Estuviste al principio, fuiste la primera, la Eva de mis maldiciones y mis ilusiones. Contigo conocí el amor y empecé a entenderlo, pero no pude domarlo y por eso pague, pero pague bien, enredándome y enfrentándome en esa lucha, rasgando mi piel de tanto correr entre espinos, hasta llegar al núcleo y encontrar la verdad, esa oscura verdad.
Te vi transformarte y partir, por eso intente volar, salir a la superficie pero era tarde y me ahogué. Morir no me importó, morir era delicioso si lo hacía por ti, era la razón por la que respirábamos y dejábamos que las nubes cubrieran nuestros delirios en esa época, cuando aún eramos niños.
Ahora, te veo en la distancia y recuerdo sonriente las cosas que aprendimos y que perdimos, porque perder, no significa desaparecer, y no ser el elegido, tampoco, porque por no serlo te gane a ti. Te gane de una manera mejor, te gané de una manera única y especial sin dejar de morir por ti.
Eres la musa viva en espera de un poeta loco y desesperado, eres como el suave alivio que recibe un náufrago con la llegada de la tierra bajo sus pies, eres bella, eres misteriosa y secretamente apasionada.
Estás loca y la locura de tus actos esta entendida en las cicatrices de tu alma, que se manifiestan como un jeroglífico indescifrable para la mayoría que no confía en su propia demencia. Porque hay que estar un poco loco para amar, un poco loco para dejar abierta esa puerta, y dejar que entre luz a ese rincón oscuro en tu corazón.
Sé que no eres perfecta, estas llena de mentiras y desilusión, acrecientas tus defectos y vives una invención para disimular tu descontento con la vida misma. Y es que a veces la vida no es la que es injusta, tal vez seamos nosotros, y nuestras estúpidas decisiones, porque hay  momentos en que nos dejamos engañar y saltamos al vacío esperando que esa persona esté allí para sostenernos y solo encontramos soledad, y por esto nos aislamos para curar nuestras heridas, para que al final nos hallemos mordisqueando nuestras propias cicatrices y alimentando ese animal oscuro, amontonando nuestros miedos capa sobre capa, hasta sofocarnos por nuestros propios pecados.
Pero yo estoy aquí, así que salta, vuela, elévate hasta el firmamento tranquila, por que debes saber que aunque lobo, puedo sostenerte entre mis colmillos sin lastimarte y acompañarte en tu búsqueda de nuevas ilusiones y esperanzas de felicidad, así como la aurora 
que se adelanta a la oscuridad de la noche antes de encontrar el amanecer.

Malpefre

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