No estoy complacido con lo que siento, pero me doy cuenta que el problema no es definir mis sentimientos; porque sé cuáles son y a donde me llevan.
El problema es tratar de controlarme, de dosificar la expresión y repercusión de mis emociones, ya que siento que no puedo engañarte aunque debería hacerlo, no porque lo merezcas sino porque la mentira hace parte de nuestra rutina diaria, además de ser un excelente mecanismo de defensa, y también porque no puedo entregar todo en el primer contacto.
Al principio temía perderte pero ahora temo nunca haberte tenido. Ni siquiera entiendo porque te pienso tanto y el que no me importe perderme, hasta el punto de perder el sentido de las cosas que digo e inclusive terminar pareciéndome cada vez más a esa bestia interna que compite intensamente conmigo por tenerte.
No me concierne el estado mental del idiota que me contiene, ni la pasión con la que se deja llevar siempre, no tiene sentido, carece de toda lógica. Cómo entender o querer algo si no está allí, si no es tangible, como anhelar algo que no conoces del todo y que además está empezando a desvanecerse.
Es como estar embrujado; escuchar voces nocturnas, imaginar encuentros furtivos, creer sentir el suave tacto femenino justo antes del amanecer, solo para despertar sudando y maldiciendo a la madrugada por negarte, una vez más, la reconfortante inconsciencia del sueño.
Embrujo de dos entes, en el que nos acuchillamos ferozmente mientras nuestras bestias, nuestros verdaderos rostros, observan impotentes cómo se derrite nuestra esencia hasta moldearse en una nueva máscara, una nueva coraza, y así empezar todo de nuevo, solo que en esta oportunidad nos miramos como extraños y sentimos como la indiferencia es la que llena nuestras cabezas alimentándose y volviéndose cada vez más presente. Pero en el fondo mordiéndonos la lengua de angustia a la espera de que la bestia vuelva a continuar la batalla, y de esta manera renacer una vez más en la primavera de tu veneno.Malpefre
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