Acostado en mi habitación, con mis ojos apuntando hacia el techo, siento como me cubre una felicidad histérica que se desplaza como una serpiente y me inyecta su veneno letal crispando mis nervios y obligándome a cuestionar mi cordura.
Mi subconsciente como una bestia acorralada se defiende e intenta traerme de regreso, solo logrando hundirme un poco más en la locura de estar cuerdo, o aparentemente cuerdo al menos. Hiperventilando de ansiedad, me levanto y enfrento mi sombra que ríe y se estremece ajena a mi existencia cual llama agitada por la fría brisa de la madrugada.
Y es, en ese momento, que entiendo y resignado me siento de nuevo, al tiempo que ella, mi sombra, me mira y sintiendo pena por mí regresa a su lugar para estar juntos de nuevo y para siempre.
Malpefre
Malpefre
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