La conversación silenciosa que sostienen nuestras miradas no es solo un acontecimiento poético y efímero. Sucede cuando las almas de dos individuos se encuentran en ese punto intermedio en donde las frecuencias de nuestro ser primitivo se entrelazan y dejan de luchar.
Pero esta tregua no es estática ya que las bestias etéreas que nos poseen se alimentan mutuamente formando un nexo que permite que este sentimiento, este ímpetu, trascienda hasta los más profundos niveles de la inconsciencia permitiéndonos, a ella y a mí, seguir consumiéndote, aún en sueños. Convirtiéndose en una fuerza erotizante que hace que se crispe mi pelaje, que tense mi mandíbula hasta el punto de desear tomarte gentilmente entre mis garras y morderte en el cuello, y sentir tu melena cayendo sobre mi rostro, y con mi lengua percibir el pulso de tu corazón, mientras, escucho el jadeo de ansiedad y pasión que corre por tu interior envenenándome mientras descargo ese corrientazo de placer dentro de ti, hasta hacerme humano de nuevo, todo esto en un segundo de tu mirada, un centímetro de tu piel.
Por esto no me despojes de tus sentidos, no dejes mi alma sin alimento, permite que nuestros ojos se comuniquen, que nuestros demonios comulguen y entren en trance, deja que nuestras esencias se mezclen en una amalgama de sensaciones y experiencias que duren aunque sea un poco más, ya que ambos sabemos que al final del día no seré más que un simple y sucio recuerdo, recuerdo que tarde o temprano desecharas.
Malpefre
Malpefre
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